(dis)lovers

30/07/2011 § Dejar un comentario

The Kodak camera captures a ‘pretend to be’ moment and two false lovers in supplanted kisses. He quieter than her, she quieter than him, he sadder than her, she sadder than him. Decreasing feelings. To suffer, to feel pain and hide. Unknown tear drop, unlikely, undesirable… she would say. Trust me, I trust you: reciprocal trust, prolific distrust. The story they always knew but they never told. That meeting in vain between (dis)lovers, two hearts wounded that two days later decided to get lost forever and never see each other again. What have they been? What have they been for? To totter from day to day, in the depth of the night, between the pleats of their sheets, as scars on the ground, the wind`s crusade against the sand, like flayed rabbits, separated, skinned, pit cut, alone, forgotten. Desolated day and night, they realized that they still fear the good memories. Happiness and loneliness were words shaped by their own kisses.

Desamantes

25/06/2011 § Dejar un comentario

La kodak captura un momento fingido y dos falsos amantes entre besos suplantados. Él más callado que ella, ella más callada que él, él más triste que ella, ella más triste que él. Sentimientos decrecientes. Sufrir, adolecer, ocultar. Lagrima desconocida, poco probable, indeseable, ella diría. Confía en mí, confío en ti: confianza mutua, desconfianza productiva. La historia que siempre conocieron y que nunca se contaron.  Aquel encuentro baldío entre desamantes, dos corazones heridos que dos días más tarde decidieron perderse para siempre y no verse jamás. ¿Qué han sido y para qué han quedado? Para tambalearse día tras día, en la profundidad de la noche, entre los pliegues de sus sábanas, como cicatrices sobre la tierra, como la cruzada del viento sobre la arena, como conejos desollados, separados, despellejados, cortados a tajos, solos y olvidados. Solitarios cada día y cada noche más, advierten que aún le temen a los buenos recuerdos. Felicidad y soledad fueron palabras moldeadas por sus mismos besos.

Nitrilo

31/03/2011 § Dejar un comentario

—Quiero que te agaches y no te asomes hasta que el compás de luz salga, alumbre toda la habitación y luego se difumine. —¿Por qué he de ocultarme? —Que bajes la cabeza, te digo. —Explícamelo. —¡No me desconcentres, carajo! —¿Y esos guantes? ¿Por qué llevas guantes de látex azules? —No son de látex, son de nitrilo. —¿Y cuál es la diferencia? —La diferencia está en que tú te callas y yo me concentro. —¿Y los condones también son de nitrilo? —¿Los cordones? —Eso, los cardúmenes. —¡Shhh, déjalo ya! —¿No ha salido? —No, parece que está dañado. —¿Y qué vas a hacer?  —Esperar, solo queda esperar. —Todavía no entiendo cómo has ingeniado todo esto. —Sabes que ha sido pura casualidad. —Lo sé, pero aún me impresiona. —Sabes que tengo talento. —Ya, pero es que no me lo explico. —Estás perdiendo el tiempo, no le des más vueltas. —¿A qué? —A la cabeza. —¿De quién? —¡Coño, de verdad me estás volviendo loco! —¿De qué color? —¿De qué color qué? —Que de qué color es la locura —¿Y yo qué sé? —Bueno has dicho que tenías talento. — Lo tengo. —¿Y entonces? —No sé, puede que sea negra o gris. —Y azul, ¿ no puede ser azul? —¿Cómo los guantes? —Sí, como los guantes. —¿De nitrilo o de látex? —Sabes que no entiendo ni de plásticos ni de química. —Y yo no entiendo de amor. —Pero si estamos hablando de la locura. —Por eso… del amor, del látex, del nitrilo.

Desilusiones

19/03/2011 § Dejar un comentario

Sé que cada una de las cosas que he vivido y que viviré, existirán siempre sólo para mí. Sé también que la conocí durante el invierno en un tren que partió de Oslo al atardecer y que llegó a Bodø dieciocho horas después cuando supuestamente era de día. Sé que nos amamos durante las veintisiete noches polares siguientes en una cabaña junto a un lago frío. Ella también era escritora. Durante el viaje me confesó su amor por Ibsen, por el dramaturgo perfecto, por la trama perfecta y los personajes perfectos. Yo le hablé de Borges, el erudito. Ella dijo realismo, yo dije ficción. Ella veía nieve y témpanos, mientras yo miraba montañas de sal y arena. Discutimos sobre estilo y sobre su preferencia por la prosa clásica, sencilla. Creo haberle dicho que en aquel momento mi prosa sólo entendía la métrica de sus pechos y la estética de sus curvas. Recuerdo que brotaron carcajadas y me besó, me besó unas cien mil veces.  [Conoce el final de este relato pinchando aquí]

Tres

28/02/2011 § Dejar un comentario

Entro al local y percibo un guantazo lanzado directo al pecho, un gemido reprimido y tres gotas de sangre serpenteantes. Un golpe bruto y seco reventando entre dos brazos que se escudan. Hay una cabeza que esquiva, se tuerce y gira. Suena una balada al son del crac, hay tres dientes que rechinan y una botella de Black Velvet recién partida. Desafina la melodía. Se revuelve en el aire una bola de golf amarilla abrazada por un trozo de cortina de seda roja made in China. Hay un brazo divorciado de su hombro, una pierna sin gemelo y una muñeca rota por todo, menos por amor. Hay tres cuerpos olorosos lustrando el parquet de arce. Veo una silla estrellada contra un flaco y un tipo con una cabeza muy brillante con tres cristales de Swarovski empotrados en la frente.  Hay un mechero prendido, un par de copas de Sambuca y tres granos de café del Cauca. ¡Brindemos por la salud, el amor y el dinero! La salud siempre primero. Tres de la mañana y digo adiós fiesta, adiós. Siempre seré boxeador en los Estados Unidos.

Hipotermia

31/01/2011 § Dejar un comentario

Sumerjo mis manos en las aguas frías del mar de enero y el horizonte me regala dos nubes con la imagen de tus pechos. Debilidad y bajo pulso. Son dos montañas al otro lado del estrecho que mi necedad guardó en un frasco de memoria. Confusión y escalofrío. En este mar me olvidé del tango, y hoy por hoy soy un trago de whisky puro y fino que baila en una copa con una piedra de hielo. Contracción, respiración. Se revuelven en mis manos las olas como se mecían tus cabellos. De aquella mirada queda toda la mar helada y una nube de espuma almendrada con el brillo y el reflejo de tus ojos. Palidez y taquicardia. En el mar de enero aún respiro. No es el aire, no es el viento, creo que son todos los recuerdos mi sustento. Bradicardia, bradipnea. Fuiste vulnerable y persistente, fuiste un paraguas de cartón bajo una tormenta en las Azores. Hipotermia, me congelo. Soy como una bolsa de té verde flotando en un florero.

Ruleta

25/01/2011 § Dejar un comentario

Ahí baja el loco de los pantalones negros rotos y el torso desnudo. Amanece y las agujas del Seiko marcan las seis y treinta y cinco. Doy un paso y me cobijo entre dos paredes de bloques grises. Dejo la vereda libre, miro de reojo y veo como el loco avanza por la bocacalle de arriba. Todo va normal y según lo previsto, el loco sigue la misma ruta de cada día: sale por la calle cuatro, gira a la derecha en la esquina con la octava, hace un alto y espera veinte segundos hasta que el semáforo tinta verde, se mueve calle abajo, se detiene y rebusca en el basurero delante de la casita de la vieja Matilda, luego sigue. La calle está en silencio, no se oyen sus pasos. Hoy el loco debe andar descalzo, tiene patas de caimán, tiene los pies curtidos. El hombre pasa frente a mi con la mirada puesta en el asfalto. Lento caminar, lento respirar.  Al tipo le cuelga de la mano una Beretta y no me muevo, no hago ruido. —Hay que dar los buenos días, muchacho, —me dice el loco— y deja la tembladera que hoy no te toca. Tú dale cuerda al Seiko, que yo otro día al revolver le daré ruleta.

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